5to informe a los ciudadanos

EL MONOCULTIVO DE EUCALIPTOS

Los diferentes gobiernos de nuestro país desechan las políticas a largo plazo, salvo que estas políticas sean impulsadas desde el extranjero, tal cual el caso del monocultivo de eucaliptos y las plantas de celulosa.

En 1944, en la Segunda Conferencia Interamericana de Agricultura, se propone impulsar el desarrollo forestal en América Latina: “in the western hemisphere, particulary the countries of the Rio Grande”.

En 1951, una misión conjunta en Uruguay de la FAO y el BID, recomiendan que el Estado fomente la forestación mediante préstamos e indican la potencialidad del país para elaborar pasta de celulosa.

En 1968, gobierno de Pacheco, y en 1984, dictadura, se dictan las dos primeras leyes para impulsar la forestación.

En 1987, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón desarrolla una consultoría en Uruguay donde recomienda instalar una pastera. La pasta de celulosa sería realizada por empresas finlandesas y el papel sería transportado al Japón en buques japoneses.

Ese año, en democracia, se dicta la tercera ley forestal, con exoneración de tributos a las plantaciones, subsidios directos del Estado, créditos blandos y exoneraciones impositivas a los bienes de capital e insumos.

Esta política impuesta por el BID y sus socios, ha permitido que la forestación acapare 1.200.000 hectáreas que aumentarán con una tercera, cuarta y quinta planta de celulosa con consecuencias negativas en varios sentidos.

El monocultivo de eucaliptos acidifica la tierra y roba nutrientes de forma irreversible; se precisan miles de años de evolución geológica para reponerlos. Necesita toneladas de agua que lleva a la disminución de nuestras cuencas y genera más inundaciones al densificar e impermeabilizar la tierra. Esto hace que las lluvias arrastren a las cuencas, pesticidas y nutrientes que favorecen el desarrollo de toxinas.

El monocultivo de eucaliptos desplaza trabajadores al intensificar su proceso de automatización. Precisa 2 trabajadores cada mil hectáreas, contra 5 de la ganadería extensiva, 10 del ovino, 125 de las horticultura, 167 de la viticultura y 200 de una huerta orgánica familiar.

El monocultivo de eucaliptos aumenta el desarraigo de nuestra gente y aumenta el número de taperas, en tanto incrementa el porcentaje de tierra extranjerizada. Montes del Plata acapara 240.000 hectáreas y UPM 200.000. En absoluto la tierra dedicada a este monocultivo es siempre de prioridad forestal. A modo de ejemplo, ante requerimientos del ex fiscal Enrique Viana, salió a luz un acuerdo secreto entre el gobierno y Montes del Plata por el cual se le permitía a la trasnacional forestar en tierras excelentes cercanas a su planta en Colonia.

El monocultivo de eucaliptos y las plantas de celulosa, eliminan la vital biodiversidad, contaminan nuestra agua, nuestra tierra, nuestras leyes, nuestra educación, nuestra economía, nuestra soberanía y comprometen nuestro futuro.

¿Qué haremos con esas millones de hectáreas cuando a las trasnacionales ya no les sea rentable el monocultivo de eucaliptos?

¡Firme la Petición por un Uruguay sin UPM2!

 

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